1.11.10

Anclamia

De algún lado siempre llega el consejo que te dice lo que tienes que hacer. Espera. Siempre hay tiempo para descansar. Siempre hay lugar para los débiles. Nunca nadie ha mirado a su vida a los ojos. Nunca nadie se ha reemplazado a sí mismo. Pero la vida no te acompaña ni te espera, te empuja. Algo tienes que hacer… aunque más no sea encontrar a alguien que te escolte y simule ser toda tu vida. Alguien o, en su defecto, algo. El engaño es un engaño. Hay un guiño de las fuerzas que te contienen entre dos fracciones de tiempo que no quieres ver ni vivir. Ni lo uno ni lo otro: el rapto de un presente continuo. Estará en tu conciencia saber qué o a quién sacrificas para permanecer aturdido a lo largo de entretenimientos, disimulaciones y tedio. Siempre tendrás que salir a perseguir o correr, asustarte o provocar; ocupar un espacio entre roles y posiciones, andar un tiempo entre lo propio y lo ajeno. Más rápido o más lento, quieras o no, serás algo moviente…

Los días son sólo teletransportación.

No puedes ver. Las horas son luces que zigzaguean tu esfuerzo por hacer foco en lo que supones importante. Los minutos son vacuos. Parte de tu atención se disemina en cada uno de tus tantos intereses. Demasiados costados tiene el mundo, no puedes desdoblarte ni eres omnipresente. Eres uno. Eres un ápice de un todo que veneramos y despreciamos, pero, como todo extremo, puedes ser incisivo; eres filoso y seccionas el límite de todo lo que va y vuelve. Te detienes brevemente ante tu vida y pareces comandarla. Te pares donde te pares: estás parado. Y detenerse no es elegir. Equilibrarse no es algo que se alcanza, sin más. Sigues, pues, en tu no parar. Eres dueño. Tienes la potestad de encontrar la calma, que llegará a su –o en algún– tiempo. Hay cosas más importantes que eso. Tienes cosas que hacer, urgentes; debes sentirte útil o supones deberías servir para algo. La engañosa dignidad de sacrificarse por lo que uno quiere o ha llegado a creer…

Toda posesión es exorcizable.

Eso que añoras como prudencia: una meseta sin alarmas ni sorpresas que puedes andar y recorrer hasta el hartazgo. Las picardías que te juega la satisfacción. Parar. Recordar. Volver al origen. Un niño desinteresado y endiablado con el destino. Reconocer quién realmente te aprecia. Quieres eso pero no puedes vivir en eso. No quieres que nadie te moleste, no quieres que nada malo pase, pero necesitas vivir de algo. Te sientes capaz de ser feliz como un estado de derecho allende los males del mundo. Pero no tenemos una historia de la felicidad; “feliz” es un estallido del tiempo, una implosión del ser, que siempre termina. Los artificios del deseo o las inconsistencias del presente: el baile moderno. Siempre te digo lo mismo. Tanta promoción de la armonía termina desfloreciendo en pasividad.

La meditación es una práctica del fallecimiento.

Distribuye un poco de sol por aquí, un poco de luna por allá. Los hermanos se sientan a la mesa, intercambian sus entrañables evocaciones, componen los momentos que los ha separado. Saben que la comunión no se corta. Hay un mundo en el que todas las palabras convergen. Hay códigos que se forjaron con hierro. No es necesario tanto, un poco de fuerza y coraje para aceptar los anudamientos de la complejidad que construimos. Los océanos que nos dividen confluyen de la misma sangre. Si hay distancia es porque hubo un principio. Paciencia. Todos nos dirigimos hacia el mismo último momento. Hay tiempo para no saber. Los hijos de una cultura alienante; somos –no me importa que en otro lado vivan mejor– esto. Agoniza: lucha. Imposibilitado, anclado, pero no hundido. Regresa a la tierra a nado. Rápido, lento, como quieras. Con mucho, poco, lo que sea. Equilibrado, enfermo, da igual. El final flota y el cuerpo empuja hacia delante. Carga tu yugo pero no te detengas pensando que podrías estar mejor. Ya lo eres. Concéntrate en cada brazada, imagina las orillas que te recibirán…

La vida es la historia de los hábitos que escurren de la muerte.


(2009)


 Crippled Black Phoenix - We Forgotten Who We Are

5 comentarios:

Bele dijo...

cuánto de espejo.

Anónimo dijo...

"We Forgotten Who We Are" de Crippled Black Phoenix sería la banda sonora perfecta para este magnifico ensayo; reflejos que ya no se esconden.

Vitr

Pedro dijo...

Éstas, como algunas otras aquí, serían las líneas que Max Rockatansky llevaría consigo por los desiertos apocalípticos del posmundo. Arrepentidos de la forma en que vivimos. Agradecidos por seguir vivos...

Anónimo dijo...

de repente un poco de luz en la oscuridad...

Anónimo dijo...

Our past still looms over us