21.12.12

Alfa impura o Elogio al pesimismo trágico

El secreto cósmico que ignoramos justifica nuestra continuidad en el espacio. El tiempo, el tiempo que nosotros conocemos es un insecto necrófago inspirado por la jovialidad de nuestras propias armas: razón, ciencia, evolución.
Un fin noble hace loable un lóbrego medio: la civilización como arte del enmascaramiento, como procesión hacia el desprendimiento. Aquel instinto eugenésico, la inmortalidad simbólica de la religión y el hombre teórico: príncipes de asesinos.
El hábito del óbito, el óbito en nuestros hábitos, en nuestra sed y en nuestro hálito. La pérdida como condimento del progreso. El duelo como receta del futuro. El sabio nunca descansará en su osario... un valeroso eco continúa suplicando porque todo acabe de una vez, porque todos vuelvan a lo Uno y los unos al Todo.
Cuando el fin no llega y no se intuye para lo sucesorio es porque aún deambula por los peldaños de la historia, ansiando despojarse de su herencia, anhelando culminar el maldito ciclo y exigiendo la piedad del retrasado Anticristo. Alfa impura: el fin en el principio.
Todo lo que vaya más rápido que la velocidad de la luz tiende a ir de alguna manera hacia el pasado. La máquina del tiempo, vaya hermosa quimera. ¡Una segunda venida de Cristo! Pero mientras así no sea, como no es... exhorto a que nos demos muerte los unos a los otros, o al menos que empecemos a morir y dejemos de aniquilarnos.

(1999)


   Soundgarden - 4th of July

4.9.12

Ludus

Después de detenerse varios minutos mirando la sombra que la manecilla de la ventana reflejaba sobre el suelo notó que aún estaba exhausto, su respiración continuaba acelerada y su cuerpo aún emanaba calor y sudor. En un intento de reconciliación con la escena miró de reojo hacia la cama; ella yacía entre sábanas probablemente dormida, inmóvil.
Se dio cuenta que las sombras de las luces de la calle, levemente oscilantes por el movimiento de los árboles, lucían mucho mejor al proyectarse en los pliegues de los músculos de su espalda. Sonrió, inevitable, y repasó los juegos de luces entre la piel, las sábanas y las formas del ambiente reflejándose; en medio de la oscuridad el cuerpo de ella parecía tener luz propia.
Quería fumar, pero sabía que ella lo había dejado hace tiempo. Se quedó fijado ante el espacio de cama que le era cedido para su sueño, pero no pudo acercarse, tenía ese impulso de desapego, no por rechazo, sino una suerte de desdoblamiento, un intento por regresar a sí mismo que le estaba costando alcanzar.
Permaneció por unos minutos así, observándose imaginariamente en el lugar que debería estar ocupando, distrayéndose con las largas piernas de ella que apenas se movían, como regodeando el sueño. Confluían en el trayecto de esa especie de suspensión vincular infinitos destinos, y un pasado. Una sucesión de hechos y decisiones lo habían puesto nuevamente en esa escena, en esa misma habitación, ante ella. El perfume del silencio abría la historia y la partía en dos.
Sintió mucha energía, la que volvía a su cuerpo o la que estaba promoviendo con estas nuevas emociones. Tuvo el impulso de aproximarse en sigilo para besar sus piernas, sus rodillas, en señal de adoración y agradecimiento. Tres veces tomó impulso, dos veces vaciló y el último fue tan sólo la dejadez de la inercia. Un pensamiento lo contuvo: ¿qué estaría pensando ella? Seguro dormía, pero, ¿qué sentiría ella si estuviera en su mismo lugar, si realizara estas mismas reflexiones? ¿Estaría su sueño repleto de intriga?  Supuso debería debatirse en la duda de si esto era –o volvía a ser– algo importante o si era simplemente el arrebato de un pasado medianamente inconcluso que se iría adormeciendo junto al impulso. La duda. Inmediatamente recordó que ese era su campo de batalla, no el de ella. Ella no dudaba, al menos no como él, y nunca en estas cosas. Tal vez por eso estaba descansando; las cosas pasan y vamos con ellas, si no vamos, nos quedamos, nos vemos pasar. Durmiendo, sin decir una palabra, haciendo mucho menos, ella comprendía mucho más.    
Había mucho involucrado en este encuentro, siempre lo hay, pero la conciencia pesaba como nunca. Luces y sombras, que podríamos entender como errores y aciertos, no le permitían ver claramente lo que estaba pasando. Sin saber porqué estaba allí, pero sobretodo, sin manera de poder irse de allí. El pasado se escurría y humeaba de su cuerpo. El presente era sólo pálpito. No había pensado en el futuro, ese era el problema. Y la noche empezaba a negarse a convertirse en mañana. El día siguiente, hasta allí había que llegar al menos, y sería un triunfo.
Su mirada se repartía en toda la habitación y a través de la ventana. Empezaba a tener sueño, más del que ya había aguantado. Ahí estaba la calle. Ahí estaba ella. Nada estaba esperándolo. La habitación estaba igual que la recordaba, inmóvil hace años, y no había manera de especular si eso significaba algo, si era bueno o malo, si estaba así porque él significó tanto que ella no pudo cambiar nada tras su partida o si siempre había estado así y él sólo estuvo de paso entre esa suerte de desidia ambiental. De cualquier manera significaba algo, como todo con ella.   
Devoción. Desconfianza. Incredulidad. Intentaba calmarse. Sea lo que sea, pase lo que pase, voy a respetar esto, se dijo sin pensar nada en particular, abriendo su reverencia a las afluencias de tiempo que se hundían en la habitación y en su sentido del honor; uno de esos estúpidos pensamientos que no podía ni solía evitar, otras veces tampoco cumplir; no era estúpido el pensamiento, él se sentía un estúpido cuando hacía alarde del poder de la palabra, o de su palabra y un supuesto peso añadido al simple hecho de pronunciar lo que se siente. Pero estaba en silencio, hablando solo. No había manera de engañarse con la oreja de nadie y esto no estaba pasando en fantasías, estaba pasando y cada minuto se iba con ello. Decir la palabra real, era poco y era mucho; la conciencia es un movimiento vacío de testimonios, interpela todo.
El tiempo a veces deja aprendizajes que nos empujan, nos obligan a la honestidad. Hubiera sido mucho más fácil aceptar que tenía miedo, no había necesidad de decorarlo todo con la usanza de la decencia. Nadie es inocente. Tal vez por eso decidió aceptar la invitación del sueño, siempre supo que al menos esa noche iba a dormir allí. No hubiera tenido a dónde ir ni había pensado realmente en irse.
Se acercó despacio. Ella ocupaba gran parte de la cama, de modo que fue acurrucándose en silencio junto al borde que daba a la ventana, dándole la espalda. Las luces de la calle estaban ahora también sobre él, quedando enredados en las mismas sombras. Los dos. El mismo espacio, en el mismo juego, que ahora parecía tomarse una pausa para respirar nuevamente.
Pensó en la omnisciencia de la vida, en el enorme esfuerzo que empleamos en tratar de ver lo que pasa y ha pasado en nuestros días. Los hechos, las personas, los errores, la esperanza. Supo que si su vida fuera un relato le gustaría que fuera como ella se veía ahora, así de calma, en la languidez de una larga siesta. Las hojas de un libro que no digan nada digno de contarse, ni de admirarse, ni de distinguirse… tan sólo la inmediatez cotidiana de dos personas que se encuentran. La vivencia no tiene ejemplos, no puede contarse. Supo haber vivido como si se estuviera perdiendo de algo, como si siempre hubiera algo más por hacer, alguien más que encuentra algo mejor para descubrir. Mil historias no construyen una historia, se pierden en relatos de otros. Y se había perdido de esto.    
Comenzaba a dormirse y entre parpadeos veía algunas hojas secas del otoño que aparecían planeando cerca del vidrio; desde que ella se había dormido pudo sonreír por primera vez, tímida, secretamente, pero entre un dejo de paz tan incierto como deseado. Entre sueños, ella rozó con su antebrazo parte de su espalda y dejó un pequeño escalofrío. Rogó que no se despertara, no hubiera sabido qué decir.
Se convenció de que cuando se levantara le recordaría aquella vez cuando a semanas de conocerse y él insistía en irse en medio de la noche ella le explicó que al menos en estas cosas la vida era más simple, durmieron juntos por primera vez y nunca más dudó en quedarse a su lado durante todos aquellos años. Pero no podía despertarla para escuchar su palabra, para tranquilizarse, como había hecho siempre. Esta noche ella le regaló su calma y él debía interpretarla como en un sueño.
Su mirada se fue desvaneciendo en el calor de sus propios suspiros. Hay algo que se apodera de los silencios que construyen los trazos vinculares, hay algo que no vemos. Entre una palabra y otra hay miles de palabras. Entre un beso y otro hay miles de otros besos. Y entre una historia y otra está tú historia. Aquí, en el aire, hay algo, pensó… y no es nada más que lo que quiero. Cada vez más la realidad se parece a palabras sueltas.

(2006)
 

   Cult of Luna - And With Her Came The Birds

8.3.12

El sacrificio de las aves

Temporada de caza
Desde que el último sueño se proclamó ajeno al horizonte oscuro de mis párpados, una intensa congoja prospera sobre el dejo de tiempo fértil que conserva y redime mi suerte. Una culpa. Un mérito. El olvido de la inventiva. La pereza de aún seguir con vida. Y los días son un epitafio oculto, narrado entre viejos anhelos. Los días son ocio y óxido. Pero ya han pasado muchos años, casi puedo comentarlo como alguna trivialidad más. Cuanta risa me provoca... soy mi propia y triste desgracia; otro emblema más perdido en el viento. Soy el ave, que en su extenso y atolondrado vuelo vela por sus pares abatidos y sonríe en la espera del zumbido final.

Laxitud de las ánimas
Un pájaro vuela hacia el sol y sin pena se entrega al fuego. El foco candente se alimenta de sus lágrimas cansinas y viscosas... Como un viento embravecido las ráfagas consumen los tristes recuerdos desde el momento que lo vio nacer. El instinto se adormece, la fiebre existencial decrece... Mas ya lejos de los pesares mundanos, abandonados por fin los frutos del dolor, su alma, tal vez convaleciente, aún genera insano vacío. Pero ya nada puede remediarlo, pues fue ésta su última memoria de intentos. Deberá conservar la angustia y permanecer inmaterialmente aturdido por la lúgubre condición del ser en la criatura. Deberá aguardar en silencio por ser libre... Y ya nadie podrá jamás preguntarle, si es cierto, ¿no existe escapatoria?

(1996)



  The Pixies - Bird Dream of the Olympus Mons

19.1.12

Paso de nada

Apoyo un pie del lado de la sombra. Retengo la insegura firmeza de seguir creyendo. De un lado y del otro, soportando los embates de la duda. La ley de los límites me devora y me acusa con la violencia de la incomprensión. Hay luces y sombras, como siempre, pero cada una te atraviesa como nunca habías imaginado que podías llegar a contradecirte.
Quisiera que me veas como alguien capaz de todo.
Las manos recogen el sentido del sacrificio. Conservo la herrumbre de los errores. Arriesgo todo por este momento. Contraigo el para-sí de la acumulación mientras se desploman objetos vacíos de aprendizaje. Despojos. Ruinas. Posguerra. Hoy no tengo nada. Ya no tengo todo lo que quise, pero conservo el traje del deseo. Uno no puede desollarse y seguir vivo. Lo que se fue se ha ido.
Quisiera poder ofrecértelo todo, pronunciar el nombre de tu esperanza.
Tal vez el paso a dar sea al costado, dejar que las emociones se maten entre sí. No quiero perdérmelo. Acá está el tiempo en que eres dueño de todo: la trastienda de la acción, las postrimerías del futuro. Pero todo este poder se diluye cuando te pienso. Sé que eres del mundo, pero todo desaparece cuando sostengo en el aire el rigor de tu mirada.
Quisiera sentir si nuestros cuerpos podrían acoplarse.
Es imposible saber si hay alguien más que pueda comprenderte por completo. Saber si ese alguien es humano o si deberíamos religarnos a otra cosa para obtenerlo. Si alguien te comprendiera en tu forma más pura probablemente desaparecerías. Nadie tendrá la capacidad de juzgar tu muerte. Dejarás un vacío, te irás como lo que se va.
Quisiera saber si se puede amar para siempre.
Es imposible saber si voy o si vuelvo. Todos me miran. Todos ignoran. Nadie sabe del otro. No puedo decidir por un minuto de amor. Confío en mis impulsos como desconfío del tiempo. Mis piernas tiemblan. Mi fuerza colapsa de vergüenza. No puedo sostener los mundos de tus ojos. Necesito saber quién eres…

Dudo; entre nos
y los otros.
El número dos y su entre medio:
el intruso: el hombre.
Huye y regresa
entre luchas de vacilamiento.
Ahora se queda. Espera
por saber quién permanece.
Dos. Duelo. A muerte.
Por no morir.

(2009)

17.12.11

Los días

Sólo se descubre el sabor de los días cuando se ha escapado a la obligación de poseer un destino.

EC

28.10.11

Gehenna

Marcharás, contrariado pero decidido, hacia la furia bullente del sol. Sabrás, poco pero entero, cuánto vale tu vida, cuánto pesa tu muerte. Volverás, liviano, a la patria del hombre. Caminarás, seco pero crujiente, hacia el horizonte de los sueños perdidos. Ejércitos de almas honrarán la marca de tu pertenencia, los cielos te ofrendarán un último atardecer. Dejarás atrás la estela de una sombra, el largo eco de lo que has sido. Tranquilo, no existe el infierno. Existe el fuego. Y morirás. La muerte es alcanzar algo que jamás podrás alcanzar en la vida. La posibilidad es infinita, la oportunidad es única.
(2011)


  Black Pyramid - Visions of Gehenna
 Etimolog

30.9.11

Cumplir la pena

Algún día, cuando todo haya pasado, comprenderás porque sólo valgo la pena de hoy. Nuevos pesares cubrirán tus días y otras alegrías te reflejarán. Los valores de ayer habrán cambiado, los personajes tendrán otras máscaras, los autores un nuevo guión y la vida te volverá a parecer un embalse de sensaciones y ambigüedades. Todo lo que has deseado siempre será lo mismo; la vieja plaza que te espera para jugar. Todo lo que has querido ser habrá sido un peldaño en tu escalada hacia el inabarcable mundo que vuelvas a imaginar... hacia un lugar enteramente mejor. Es cierto, no puedo ver más allá de lo que veo cuando te veo, pero te miro... te vuelvo a callar y descubro cuanto de vos hay en mí, cuanto de lo que yo pueda ser, te lo debo. En silencio, recorro todos los pliegues de lo que eres, de lo que habría sido con vos, y mi exploración no encuentra consuelo. No puedo pedirte que busques lo que yo no puedo encontrar. No puedo pedirte que esperes. No. Mi alma sangra el sudor de un náufrago, el canto de un ave desorientada. Me reduzco al mismo instante de haberte conocido, el tiempo parece ir y volver al lugar donde siempre nos encontraremos para reír y jugar. El eterno sabor de haberte tenido. Saber que nunca terminaré de desprenderme. Aprender, reconocer, que los años serán mi castigo. No puedo asir ni asirme. El tiempo parece escapárseme, quedarse y perderse en la pena que siento; es inmerecido el valor que tu amor me ha legado. Consagro todo mi amor al amor y todos mis cielos a tu fuerza, al día en que los sueños se realicen. Ese día, cuando tu futuro se haga presente, comprenderás porqué sólo valgo la pena de hoy...

La culpa del victimario. Un lugar en el que te ocupa la vida para el que no has sido hecho. Para la culpa sí, para sentir que has lastimado a alguien, no. Jamás. Nadie, por más influjos de frustración, podría prepararte para lastimar a quien has amado. No hay razones para poder comprender algo así. Pero hay algo que sé. Hay algo que te prometí en silencio. Cada uno siente que comprende al otro y a la situación que se vive más allá del tiempo. Verte llorar así… no permitirme las lágrimas que brotaban a mares por dentro. Juré honrar tu recuerdo. Juré honrar lo que hiciste por mi. Supe que no estaba capacitado para dañarte y estar dañándote fue la sentencia. No por dañar ni doler porque todos sabemos de eso. Era por saber que viviría, lo que sea que me tocara vivir, sintiendo que ese momento me perseguiría por siempre. Queriendo descansar en la calma que me darían los años que deberían pasar sosteniendo la bandera de nuestra historia para devolverle a los años que hemos dejado atrás. Ganarle con miles de años al tiempo en que participé de tu dolor. Pagarte y pagarle al destino, vivir bajo la fianza de la nostalgia. Y un día me olvidarás. Yo te seguiré recordando. Voy a darte el tiempo. Un tiempo secreto, un tiempo extendido; el tiempo que pasa y recorre el dolor, sólo eso puede calmar la pena, tu pena, la pena que lamentablemente nos dejamos y arraigamos en un páramo de vida. La pena que voy a llevarme. No hay manera de saberlo, pero yo sé que hay un tiempo que siempre será tuyo. Dártelo, sin poder ofrecértelo, es lo más justo que encuentro para la pena de hoy. El juramento que viajará por siempre en el silencio de una promesa.

(…)


  Pearl Jam - Present Tense

20.8.11

A falta de cuenta

Hago la cuenta de las reflexiones que faltan. Espero aprender algo en el disimulo de lo que ya me enseñaste. Hago de cuenta que puedo solo. Espero con la hidalguía de las causas imposibles, con los recuerdos de un guerrero abatido en las horas vencidas. Espero por cuánto restará hasta que no vuelvas del futuro. Sumo tus pequeños movimientos de olvido y le resto el tiempo que tendré para recordarte. Ya no hay nada aquí, sólo las cuentas de la espera.
Hago la cuenta de las libertades que obtendré por perderte. Espero aprender que todo se hace real al compartirlo. Hago de cuenta que volveré a buscarte. Espero con el desgarro de las noches de un tiempo que no logro elegir. Espero por cuánto recuperaremos de lo que nos quitamos y le robamos a los sueños. Resto mis sofocantes huídas y sumo el tiempo que te sobrará al olvidarme. Todo está aquí, flotando, entregado al refugio del milagro.
Por eso te escribo, por eso intento despedazar el álgebra de lo posible. Me divido en las cifras que se filtran del destino mientras se multiplican los vacíos que dejamos al saltar del tiempo. Las cuentas son sólo la mediocridad de la desilusión o la falta de coraje, las espaditas que intentan defenderse ante los demonios del olvido… en medio de la batalla el abandono esgrime su astucia y exclama a gritos la arenga del paso del tiempo; se sabe que de esa lucha no se vuelve. Por eso me fui, por eso regreso al tiempo, por no seguir despedazando la vida… como si el tiempo no fuera vida.
Supongo un nuevo e incierto futuro irá convirtiendo los matemas en reflexiones y las reflexiones en recuerdos. Hoy no. Hoy estoy rodeado de lo que hubiéramos sido, de lo que no soy más. Ríos de miseria arrastran lo que no elegimos y el futuro deambula por orillas de pesadumbre. Sólo resta aprender a esperar, confiar en que algún día no hará falta darse cuenta… y las ropas se lavarán en algún ilusorio océano o alguna nueva batalla perdida. En las cumbres de la carencia, a la sombra de las máculas de libertad del cielo. Ahora somos la desesperanza, la gracia divina de lo no obtenido.
(2010)

  Taura - Miramar

26.7.11

Parabola

Todo tu dolor es una ilusión de lo que significa estar vivo...



  Tool - Parabola

3.6.11

Umgang

Misterios de la afectividad: necesitamos mares para nuestros ríos de drama. Construimos paredes que contengan el rebalse de la locura. Lavamos nuestros impulsos en la liquidez de los juguetes modernos. Merodeamos ligeramente la previsión y la probación de los artificios de satisfacción sin miramientos de lo satisfecho. Dame, con garantía extendida. Dame más. No parece haber nada detrás del deseo más que su pujanza. No necesitamos preguntarnos sobre lo que queremos, alguien más ya lo tiene.
Nos confiamos fuente de emociones y sentimientos que hay que plegar y articular; están diseñados para terminar en algo. No hay finalidades. Hay fines. Y algo nuevo. Como pasa con el clima, todos hablamos de esto pero nadie hace nada. La descuidada ansiedad y el amparo del consumo parecen ser los demonios del día. Los sueños están invitados a la insuficiencia y al pánico. Todo desemboca, ciñe o intercambia la naturaleza de nuestra fluencia vital.
Parece ser un proceso distinto, que involucra a distintos, cada vez. Pero son sólo situaciones distintas, personas distintas, anudamientos distintos. Nuestros modos son siempre los mismos. Todo empieza distinto. Todo termina distinto. Todo lo vemos distinto en cada oportunidad, como debe ser. Pero lo que pasa es siempre lo mismo. Antes, durante o después está pasando algo. ¿Y qué pasa? Lo que nos pasa. No hay adentro que no esté fuera. Y eso que está fuera, que tanto nos desespera, debería estar inundado por la dominancia de nuestra aproximación. Pero las cosas pasan, solamente pasan…
Así como el que pinta –por más original que pretenda ser– deberá recurrir a las formas originales de la línea y el color, el que viva deberá hacerlo con el afecto y la emoción. Pase lo que pase, indistinto, siempre pasa algo de esto. Y desde allí se abren afluencias… formas y figuras que identifican y diferencian una pintura de otra, los matices que nos muestran que en ese río ya nos hemos bañado, en el que nos volveremos a hundir o saldremos huyendo, pero siempre sondeando o merodeando algún océano hirviente de comprensión.
Podemos pensar que todos los problemas, todas las imposibilidades y toda la complejidad afectiva de nuestras emociones son sólo latidos que botan sobre sí mismos sin modificarse por entero nunca. Nada desaparece. Como el deseo, la tristeza nunca se consume. Como hoy, el mañana está por vivirse. Como de la vida, de la muerte puedes decir cualquier cosa, que le cabrá y será de suyo. La afectividad traza líneas y las emociones colorean un paisaje de disposiciones; puedes elegir y no puedes elegir los colores… pintas, te pintan y se pintan solos.
¿Cuánta intensidad, tiempo y desgaste hay en el paso de una emoción a la otra? ¿Es un salto? Y si es un salto, ¿dónde te devuelve? Inexorablemente a nuestros pies siempre encontramos la firmeza del suelo. Supongo por eso los movimientos están coloreados o parece un paisaje; son en el mundo y se cuidan de su estancia en el mundo construyendo mundos. Pero no es un mundo de la naturaleza y las cosas, es un mundo de sentido. Tampoco es completamente un sentido de significados, es un sentido de ir hacia lo que aparece. Tu vida puede cambiar de un momento a otro pero tu vida no cambia de un momento a otro. Tenerlo todo. Querer otro todo. Hacer de todo por no ser nada.
¿Quién ha buscado una sola cosa en la vida? Aproximarse no es un proceso ambulatorio; queremos desesperadamente un destino o imaginamos imposiblemente un camino, pero sólo hay deambulación… un vagabundeo donde todo parece posible. Lo posible no es todo si no es antes poder ser posible. El mundo es una pretensión, una mezcla de invitación y súplica.
¿Dónde escondes tu tristeza cuando estás alegre? ¿O desaparece? Nos distraemos con la mirada que divide lo que fue y lo que será. Deja y toma. Nos entre-tenemos con la actualidad de los sentimientos, pues nos ofrecen garantía de humanidad, pero somos presos de poder nombrarlos. El poder de la palabra es que se sucede una tras otra. Pero nuestra voz siempre es la misma. En rigor, la vida no se separa en momentos, la vida dura… puedes pasarte días describiendo el momento en que estás.
Sacamos y sacamos porque creemos que hay algo dentro que debe purgarse, como si no pudiera salir por sí solo, como si fuera peligrosamente evitable o posible no hacerlo. Es intolerable pensar que nuestros sentimientos no tengan escapatoria, que nazcan y se consuman en ellos mismos, que no tengan un fin, una causa, un culpable…
Puede que nuestros problemas tengan solución o no, es imposible saberlo o imaginarlo. Cada cual embalsará sus ríos o bailará su mambo. Pero hay un problema anterior, más importante: ¿por qué, o mejor dicho, de qué sentimos? Explorar las líneas y el color de nuestra afectividad no resuelve nada, pero al menos nos devuelve a nosotros mismos, a nuestro primer baile.
Siempre nos encontramos dispuestos a ser, incluso antes de ser, de sentirnos siendo. No hay una economía de intercambio, ni de retenciones, menos de trueque. El tiempo afectivo no se disuelve. Hay formas que moldean nuestras referencias a la mano y conforme a un mundo. El presente es ni más ni menos que la vivencia de una disposición hacia algo. La vida anímica es un inmenso salón donde asistimos al perpetuo baile del tiempo que somos. Las canciones son infinitas, pero siempre las mismas, que sea una u otra, no quita el bailar. El cuerpo es siempre el mismo, de eso no puedes dudar. No dudes, pues, de todo lo que eres.


(2011)

5.5.11

La sombra de una duda

El momento parece haberse acercado, ahora la sombra me persigue fervientemente. Y ya no parece una sombra, sino un manto, un manto etéreo que me instiga y conmueve. Es una sombra cálida y adversa, una sombra endémica y animosa, de la que ya no huyo, sólo avanzo; ella prosigue, continúa sabiamente sobre y tras mi paso cansino. No me abarca, no. Me insinúa una totalidad pálida y excluyente que podría consumirme en un instante. Le temo. Cada porción de mi ser le teme. Me invade un perfume blanco que me lleva imaginariamente hacia sus caderas. Por momentos parece aproximarse y vibrar, respirar sobre mi cuerpo; me deleito en el sonido calmo de sus profundas inhalaciones, en la ilusoria sensación de que lo desconocido me conoce. Y me sorprende con un extraño balbuceo… mediante húmedas y lentas palabras me aclama, pronuncia finalmente mi nombre. Luego, suspira -imagino que sonriendo- una y otra vez, como en un pleno proceso orgásmico dirigido únicamente hacia la quietud, al reposo. La deseo. Cada porción de mi ser la desea.
Lentamente, llegamos a un lugar que no resulta diferenciable, sino que parece ser cierto sitio, nuestro sitio. Una leve brisa me refresca el rostro. Decidimos detenernos levemente, algo agotados. Por un momento creo recordar su nombre, pero no logro pronunciarlo. Ella ha sido una motivación, la mía. Ha sido un tormento, una plaga, el más extático amor, el más lúdico sexo. Ha sido mi inclusión y mi reclusión en la existencia. Ha sido un yugo, la extensión aural de mi tacto... una energía, el más cálido torrente vital. Ha sido la sombra de una duda, la mía. Busco en ella un sueño olvidado, el sueño que todavía no he soñado y sigo soñando. Me hundo y emerjo constantemente de su plasma visual, en sus dotes. La encuentro en los umbrales de la vida y en las trastiendas de la muerte, en toda la infatigable gama de opuestos que han propuesto y dispuesto el pasado y el presente, mi ser y mi devenir. Pero... ¿Esa sombra soy yo? ¿Es alguien más? ¿O solamente los ideales y los miedos que me componen, me inducen? Lo ignoro. La ignorancia de una esencia que día a día se hace presencia sobre la fastuosa patria de la incertidumbre.
Así, rendido ante su imperio, vibran en mí los secos latidos de que ha llegado el momento en que los cielos se derrumben y el tiempo nos abrace... empujo el deseo de voltearme y descubrirla, pero tengo miedo, pánico de que ya no haya nadie allí, de que nunca hubiera estado nadie. Siento pavor, terror fatídico de no poder reconocerla... o de hacerlo. Quisiera, pero no quiero saber. Necesitamos saber que hay algo detrás de la vida. El último encuentro arde de ausencia y se desvanece en mi sangre. Caigo de rodillas y me entrego a un desconsolado llanto. Un llanto más allá del tiempo, que se oculta de los resplandores y se arrulla en el poniente. Lágrimas oscuras. Lágrimas negras. En el llanto que me seca y me inunda, sobre la esencia de la sombra que vive en mí. Eternamente en falta. Eternamente presente.

(1997)

5.4.11

Soloman

1.
No se puede revivir de la vida.

3.
Descansar de los días, de la vida, no significa des-vivir: regresar al seno creador, devolvernos lo extraviado de nuestra conexión con el universo, desandar los errores de nuestra cultura, empezar de nuevo. No. Así volveremos siempre a la consolación del paraíso perdido. No hay que volver a ningún lado. Todavía no terminó esto. Prefiero des-morir la vida, que es un perpetuo nacimiento. La vida es una noción, una problematización. La muerte: un concepto.

5.
Aproximarse a la muerte, con la afrenta de lanzas y flechas, en un temor que ruge por su vida. La simulación de la amistad es un acto de irreparable desidia, o cobardía. La muerte nunca se hizo de prisioneros.

9.
La muerte le gana en tiempo a la vida. La vida es la experiencia del espacio ofrendada en el tiempo del no-ser. La muerte es lo que nunca tendremos. Adoramos lo que no es, no fue, no se pudo, no se dijo, no tenemos, no alcanzamos. Existir es un desengaño amoroso con nuestra pertenencia a la eternidad; donde es imposible vivir o morir. Somos los amantes maltrechos que regresamos al amor que nos ha perdonado todo. 

11.
No hay nirvana. Hay un escopetazo.

13.
La peor de las muertes sería no poder morir. El problema es la espera. El problema es que solamente esperes. O creer que hablar de la muerte puede hacerte morir menos.

15.
Puedes gritarle con rabia a los cielos, puedes abandonarte en los desiertos, puedes entablar la más dura de las peleas, puedes entumecer tus días con engaños, obsesiones, vicios, personas o malos pensamientos. Puedes hacer todo eso, o puedes simplemente morir.

17.
El deber de la muerte es morir más.

22.
Es como si hubiera una verdad detrás de tu vida. Una suerte de des-evidencia vital que te persigue. Un código, una cierta información, un nexo. El camino elusivo de tu existencia. Un tiempo paralelo, un doble, dos caras. Detrás de tu vida… algo oculto y al acecho. Un secreto, un no-dicho que te impugna. Y te proscribe. Te compele al fracaso de no ser tu mismo.

24.
Todo no es posible, pero como parece posible nos fuimos enfebreciendo en una inmediatez vaciada de tiempo, repleta de caminos y destinos que llevan a todas partes, tantas que una sola parece poco, malo o mediocre. Es intolerable sentir que todo está ahí, saber que deberemos ir de a una cosa por vez y que no alcanzaremos completamente lo que deseamos. Nuestro modo se ha convertido en ninguna parte. Todo lo que daríamos por poder sostener el mundo en nuestras manos. Verlo todo.

27.
El deber de la vida es vivir menos.

31.
Cambiar es desnudarse al abrazo de la ignorancia. Cambiar es malinterpretar nuestro propio guión, faltarle el respeto a la firmeza del suelo. Suele ser violento imaginar que mañana no podrías ser quien creías que eras. Ir desapareciendo de a poco…

32.
Cambiar es vivir la desesperanza. Cambiar es saberse en el terror, adentrarse en el accidente de la novedad. No reconocerte en la calle con quien tanto quisiste u odiaste. Un pésimo actor. Un exhibicionista; del para bien, del para mal; hacerse del vaciamiento del futuro. Cambiar es un enchastre.

36.
El tiempo, soportado por las aproximaciones de la retención y la protensión, es la pretensión de encontrarnos en alguna parte.

49.
Dicen que es bastante más fácil evitar el rechazo que enfrentarse a la aceptación; más simple es garantizarse el rechazo en un constante duelo con la retrocesión.

51.
La cobardía de la noche y lo insufrible del día. Siempre hay más lugar para la vergüenza que para el orgullo. El miedo sería una bendición si no hubiera nadie que nos recuerde que no estamos solos.

53.
La misma escena se repite y se inaugura cada vez. Amar el silencio, en silencio; después, amar en el olvido.   

77.
El amor no existe, pero es lo más importante.


(2010)
           

  Humo del Cairo - Nimbo

8.3.11

Perplejidad

Cuando seas lo que quiero que seas ya no serás. Yo ya no seré como soy, me habré realizado. Así como ahora no soy... por mor de mi ser, encuentro tu ser en mi no ser propiamente.
Cuando sea lo que quieres que sea ya no seré. Tú ya no serás como eres, te habrás realizado. Así como ahora soy... por mor de mi no ser, encuentro mi ser en tu ser propiamente.
Perplejo ante la eternidad. Ciego ante el abismo. En la escalada del mundo... En el vacío de ser siempre. Siempre en el vacío del ser.

(2001)

5.2.11

Plasma

Ya es hora de que te ensalces,
te erijas... proclames
tu lugar en el mundo y con el mundo.

Ya es hora de que te animes,
te rebeles... preguntes
a los cielos por tus padecimientos.

Ya es hora de que transites lo intransitado,
te elijas... descubras
que toda tu vida es toda tu vida.

Ya es hora de que viertas lo invertido,
te redimas... liberes
el polen de tu honda purga.

Ya es hora de que al cabo te comprometas,
te explores... enfrentes
el absurdo de que eres como todos, pero eres como nadie.

Ya es hora, aquí, de que abandones la pesadumbre,
te reconcilies con lo inconsecuente y trágico de la existencia
y reanimes lo vívido y hermoso de este sufrimiento...
Sí, pues nada hay más tuyo que esto; ni de dios, ni del universo
ni de la razón... sólo tuyo...
el correlato de tu júbilo como la causa de tu conciencia,
tan propio como este instante... único y último.

(2000)



  Kyuss - Day One 

4.1.11

Arenga

        Los hombres en la vida las oportunidades se las buscan...
                                                                                                   JSV

3.12.10

Espeluznante, la luz

El viento se arremolina febrilmente, como en un largo corredor avanza sobre sí, se posa sobre sí mismo para impulsarse y parpadear su curso, se sube a las cosas y a las paredes; las mueve, las ataca. Parece agua, parece fuego, parecen humores de una tierra que bulle de conquista. Por más que se agite, por más que tiemble, siempre consigue desplegarse en la constancia o la paciencia, según sea conveniente. Es fehaciente. A menudo me he preguntado sobre esa extraña independencia, sobre el rigor de su soberanía. Se siente móvil pero etéreo. Desaparece. Su apariencia resulta compleja... para poder presentarse ante nuestros ojos debe contrastarse, debe empañarse de algo para ser percibido. La identidad radica en la diferencia; destellos que se encienden. Pero eso es sólo ante nuestros ojos, en la comodidad de su esencia él va a lo suyo, le comprende el devenir de su propia naturalidad. El viento. No se trata de que busques o creas encontrar cosas que nadie se cuestiona para intentar definir tu autenticidad, se trata de que él mismo no se cuestiona, nos cuestiona a nosotros; te sopla en el rostro… los rodeos de la pregunta por el ser.
Y te detienes entre el viento, te adormeces con el sol, te refrescas en los mares... purificas en las llamas del destino las potestades que te unen al mundo. Así y todo, la última pregunta es por ti mismo. Es más fácil preguntarse por el viento. Reconocerlo no implica ningún mérito. Uno siente que despunta algo del intelecto al preguntarse por las cosas, pero sucumbe ante el espejo. Y tal vez no haya preguntas, sino preguntas y respuestas que se suceden a lo largo de un proceso que no termina, ni satisface; comienzas a volverte viejo y entiendes que sólo has aprendido a contemplar porciones más grandes de tiempo. La contemplación no te lleva a ningún lado, te deja solo, entre todo lo que el viento sabe arrastrar. Pero él va a lo suyo, y tú ¿tú de qué vas? No vas, vienes, y ahí te quedas. Lo único que siempre ha sido tuyo es el tiempo. Conciencia de duración, se podría decir. Pero lo que dura tiene que moverse. El problema es cuando el tiempo comienza a pasar... y tú no vas en él. Una inflexión que explota en un soplo y se disipa. Y ahí va tu conciencia, arrastrada por los aires... esparcida, atomizada, inerme ante el abismo del ser. Eyectado.
Las cosas, las personas. Lo útil, lo inútil. Descripciones y distribuciones de llantos, o silencios. Los caminos que solemos tomar... El mundo y todo, todo para esquivar la pregunta que siempre vuelve. Todo por una respuesta que no está, o que descansa en otro mundo. La necesidad de construir la ilusión de tu propia existencia sobre las heridas de la daga del tiempo. Pero este mundo siempre sigue, y tú ¿tú a dónde vas? No vas, vuelves, y ya no hay lugar…
Tu pasado te persigue porque no puedes abrirte al futuro. En esto no puedes elegir, ya te hallas elegido en el tiempo que eres o que has logrado ser; lo importante es qué hacer en el tiempo que te es dado. No avanzar resulta un atrevimiento; quedas paralizado por la lasitud de la nostalgia. Por eso esta carga pesa, por eso todo se mueve lento, por eso tus bríos se secan día a día; de las noches prefiero ni hablar, supongo será aterrador. Por alguna extraña razón todo alrededor continúa. El tiempo parece haberse detenido; tú también estás detenido. Lo que pasa no te está pasando; te pasa por delante, por detrás, por el costado; lo único que te golpea son las cimas de la desesperación, los estremecimientos de un morbo que te atraviesa pero que sistemáticamente anida en tu pecho cada vez que le apetece. Te consume y te suelta en una manifestación indescifrable. Te deja a oscuras. Te mueves a tientas de ti mismo…
La furia del sol. La furia del mar. Quieres saltarte, salirte, volarte. Las intermisiones del viento que acerca y aleja a las preguntas de las respuestas, los comienzos de los finales. No te cabes. No te ocupas. Todo se fragmenta... Temes. Desconfías. Odias. Desesperas. Si no eres el tiempo que eres nunca tendrás un lugar. No habitarás. Te lo digo para decírmelo. Te lo digo para que mi propio aire se empañe de algo y todo cobre forma, se ilumine... y mi vida aparezca. Es la única manera de que lo enfrente. Supongo que de otra manera seguiría huyendo; sin huir, huyéndome. Esperamos los cupos de un atajo en vez de caber en un buen final.

(2008) 

1.11.10

Anclamia

De algún lado siempre llega el consejo que te dice lo que tienes que hacer. Espera. Siempre hay tiempo para descansar. Siempre hay lugar para los débiles. Nunca nadie ha mirado a su vida a los ojos. Nunca nadie se ha reemplazado a sí mismo. Pero la vida no te acompaña ni te espera, te empuja. Algo tienes que hacer… aunque más no sea encontrar a alguien que te escolte y simule ser toda tu vida. Alguien o, en su defecto, algo. El engaño es un engaño. Hay un guiño de las fuerzas que te contienen entre dos fracciones de tiempo que no quieres ver ni vivir. Ni lo uno ni lo otro: el rapto de un presente continuo. Estará en tu conciencia saber qué o a quién sacrificas para permanecer aturdido a lo largo de entretenimientos, disimulaciones y tedio. Siempre tendrás que salir a perseguir o correr, asustarte o provocar; ocupar un espacio entre roles y posiciones, andar un tiempo entre lo propio y lo ajeno. Más rápido o más lento, quieras o no, serás algo moviente…

Los días son sólo teletransportación.

No puedes ver. Las horas son luces que zigzaguean tu esfuerzo por hacer foco en lo que supones importante. Los minutos son vacuos. Parte de tu atención se disemina en cada uno de tus tantos intereses. Demasiados costados tiene el mundo, no puedes desdoblarte ni eres omnipresente. Eres uno. Eres un ápice de un todo que veneramos y despreciamos, pero, como todo extremo, puedes ser incisivo; eres filoso y seccionas el límite de todo lo que va y vuelve. Te detienes brevemente ante tu vida y pareces comandarla. Te pares donde te pares: estás parado. Y detenerse no es elegir. Equilibrarse no es algo que se alcanza, sin más. Sigues, pues, en tu no parar. Eres dueño. Tienes la potestad de encontrar la calma, que llegará a su –o en algún– tiempo. Hay cosas más importantes que eso. Tienes cosas que hacer, urgentes; debes sentirte útil o supones deberías servir para algo. La engañosa dignidad de sacrificarse por lo que uno quiere o ha llegado a creer…

Toda posesión es exorcizable.

Eso que añoras como prudencia: una meseta sin alarmas ni sorpresas que puedes andar y recorrer hasta el hartazgo. Las picardías que te juega la satisfacción. Parar. Recordar. Volver al origen. Un niño desinteresado y endiablado con el destino. Reconocer quién realmente te aprecia. Quieres eso pero no puedes vivir en eso. No quieres que nadie te moleste, no quieres que nada malo pase, pero necesitas vivir de algo. Te sientes capaz de ser feliz como un estado de derecho allende los males del mundo. Pero no tenemos una historia de la felicidad; “feliz” es un estallido del tiempo, una implosión del ser, que siempre termina. Los artificios del deseo o las inconsistencias del presente: el baile moderno. Siempre te digo lo mismo. Tanta promoción de la armonía termina desfloreciendo en pasividad.

La meditación es una práctica del fallecimiento.

Distribuye un poco de sol por aquí, un poco de luna por allá. Los hermanos se sientan a la mesa, intercambian sus entrañables evocaciones, componen los momentos que los ha separado. Saben que la comunión no se corta. Hay un mundo en el que todas las palabras convergen. Hay códigos que se forjaron con hierro. No es necesario tanto, un poco de fuerza y coraje para aceptar los anudamientos de la complejidad que construimos. Los océanos que nos dividen confluyen de la misma sangre. Si hay distancia es porque hubo un principio. Paciencia. Todos nos dirigimos hacia el mismo último momento. Hay tiempo para no saber. Los hijos de una cultura alienante; somos –no me importa que en otro lado vivan mejor– esto. Agoniza: lucha. Imposibilitado, anclado, pero no hundido. Regresa a la tierra a nado. Rápido, lento, como quieras. Con mucho, poco, lo que sea. Equilibrado, enfermo, da igual. El final flota y el cuerpo empuja hacia delante. Carga tu yugo pero no te detengas pensando que podrías estar mejor. Ya lo eres. Concéntrate en cada brazada, imagina las orillas que te recibirán…

La vida es la historia de los hábitos que escurren de la muerte.


(2009)


 Crippled Black Phoenix - We Forgotten Who We Are

2.10.10

Sinamon

Cuando todos arrojen el pecado de la primera piedra yo me sentiré retenido a recuperarlas, una a una, hasta sopesar algo que se parezca a lo que siento. Iré primero por la más alejada, será mejor así. En el que más fuerza tenga veremos al más arrepentido de haberse engañado; será mi hermano. El trayecto que divida cada piedra será el silencio en el que nos deja el oprobio. En cada regreso emprenderé la distancia más larga que se pueda recorrer: el perdón. Volver sin poder mirar a nadie a los ojos, nunca. El horizonte sumergido en esos pedazos de cielo que carguen mis manos será mi único sustento. Construiré una pira de lamentos para honrarte.
Sembraré un árbol aquí, en medio de las ciénagas de mis miserias, a la vista de los sueños y los auxilios, y velaré por el día en que la sombra de sus ramas recubra por completo la oscura sensación de no haberte elegido. Así, por años igual. Oculto de lo imposible de las alturas me sentaré a esperar hasta que mi vergüenza se ciña a la tierra, abrazado al barro y al suplicio. Cuando mi desilusión agote el amargo remorder de todas las posibilidades de lo que hubieras sido; sólo así me habré perdonado.
Te cambio un pedazo de mi vida por un poco de tu ausencia. Intercambiemos gajos por bloques. Ojalá algún peso o sacrificio pudiera darte lo que debería devolverte. Tu compasión me desgarra del mundo. Sé que me estarás esperando de algún modo así como entiendo la dicha de la comprensión, de que es nuestra naturaleza también el error. Pero saberte posible en lo imposible lo hace aún más grave. Permíteme que en la injusticia de tu clemencia descanse todo mi padecimiento; por eso siempre me he rebelado. Volver a sentirte es la enjundia de mis días, mi más antiguo misterio, mi más auténtico deseo.
Se me ha dicho que de no haber pasado lo que paso mi vida hubiera llegado igualmente a la misma pregunta. Todo un cielo que te perdona. Todo un infierno que te condena. La ingrata deambulación que hay en el medio. La salvación o la condena; hay que elegir, siempre. El insoportable vértigo de saber que somos libres para lo uno y lo otro. La eterna indecisión, entonces, como la justicia perfecta.

(2010)

1.9.10

Zumba

Te llenas de objetos y de cosas, de obsesiones y de vicios… tan colmadamente cargado como para que no pese tanto el tiempo. Siempre comienza un nuevo día… Cafeína. Nicotina. Pereza. Algún que otro analgésico y todos tus habituales síntomas. Los años, tus marcas... la ruta. El sol malgastando los violentos minutos del día. La rumia de los horarios, el recelo de los compromisos, los ruidos que te rompen y la gente que te pisa. Frustraciones que alimentan la tolerancia a la satisfacción.
Y siempre llega la noche… Alcohol. Euforia. Enmascaramiento. Todo el tiempo del mundo. Deberías empezar con algo nuevo; nunca te gustaron las modas pero tu modo es tan devoto como monótono. Imaginas qué podría pasarte de bueno y te sientes indagado por las sombras; huyes, pues. La luna guiándote hacia las bestias, la manada, la muerte. Perros sedientos de lujuria. La soledad del día que se disipa en trepidaciones de adrenalina. Dopaminergia. El desvalimiento de la naturaleza que reluce socio-químicamente. Hay gente. Todos se repiten en lo indistinto, en la superposición, pero tú tampoco has inventado la pólvora, simplemente crees en algo que te parece auténtico. Nunca nadie ha saltado un mundo. Todos somos extranjeros.
No te cambies, quédate así como estás. No te afeites, no te peines, conserva tu aliento y la cara que has llevado durante todo el día; estarás listo. Ve al bar. No esperes nada. No hables con nadie. Reposa en la inmediatez de tu vaso. Apaga tu teléfono; el alcohol cruje en tus vísceras, pero no es radioactivo. Llámate a ti mismo. Emborráchate, no de más, como siempre. Si observas a alguna mujer sólo hazlo de reojo... lo suficiente como para espantarla o como para que sienta que eres un resentido; nunca por devoción: por consecuencia. Haz eso con tus ojos; que tu expresión diga la verdad, que te remuerden tus fracasos como añoras la felicidad. Deja que ella decida, aunque nunca aparezca. Tú ya no puedes elegir, nunca has dado en el blanco, que por más o por menos, pero lejos… siempre lejos del sol, pero ardiendo.
Conoces muy bien estos movimientos. Siempre encontrarás un motivo que justifique asirte a una defensa, un molde o algún personaje; el disfraz de la autodestrucción. En algún momento alguien se acercará y te dirá eso que no quieres escuchar pero que puedes oír de muchas maneras y que tal vez te sirva pero no tanto como para considerar que en ese momento es importante prestarle atención. Consejos útiles para una vida inútil. Los años y eso que sientes como experiencia es sólo un anecdotario de refracciones de tiempo. Las estupideces de la gente son también tuyas. Eres despreciable y enternece ver a alguien así, ¿triste? Ojalá la tristeza fuera un cuestionamiento y no algo que siempre es observado o medido por los ojos de los otros. Alguien debe decirte que estás realmente desconsolado, sólo ahí escucharías, pero, ¿quién quiere agacharse y mirar el mundo desde ahí abajo?
Estás abatido, batidas las bateas de tu reconocimiento. Te debates entre deambulaciones y desplomamiento. Te preguntas cuánto polvo tendrán los discos con los que creciste y llegaste a pensar que eras libre. Te preguntas por el tiempo… No, sacudes la cabeza, esa no es una pregunta, son tus pulsaciones enarbolándose, recordándote que de algo estás hecho. Desearías volver a empezar lo que nunca terminaste y terminar con lo que nunca acaba por empezar. Remordimientos y reproches que te sueltan de la caída libre hacia el devenir. Si todo sigue sobreviniendo es porque sigues sobreviviendo.
Un trago más y una sonrisa cómplice. El gesto que sientes que te marca y la soberbia de creer que no necesitas a nadie. La soledad que compartes con tu vida. El murmullo y la muchedumbre de un infructuoso extraviarse. Las redundancias que te empujan a marcharte siempre solo. Las abundancias que te dejan siempre abandonado. Estás cansado de suponer y anticiparte a las conductas humanas. Estás harto de especularte, de saber que sabes lo que te pasa, del humor autocebante que siempre se agota y no pasa, no impulsa nada nuevo. Cualquier tipo de sorpresa sería una señal, un indicio, pero nada. Mejor no romper el molde, no podrías reproducirte en lo mismo. Una rúbrica de melancolía se templa con tu piel, te resguarda, te protege; estar sólo un poco mal evita cualquier sobresalto. Nunca te caes del todo. Nunca disfrutas del todo.
La noche parece eterna, pero termina. Con ella se va una ilusión gastada y postrera. Siempre llevaste una pequeña alarma que te aleja de las horas de peligro. Por algo sigues vivo. Una suerte de autoconservación te devolverá a lo que se parece a tu hogar. Eres una eterna descripción de las pequeñas victorias sobre la incertidumbre. Un rumor que se sumerge en lagunas de afonía. Un valle de esperanza que se seca con el sol…
Insisto: el mundo rueda y sigues vivo. Jugar a que mueres, jugar a que matas, confiar en que alguien te recordará o habrás dejado una marca. Presumir ante el juicio de los otros que has ensamblado algo que se parece a una vida digna de ser vivida. Pero una historia no se arma; no hay final, hay finales... y no puedes vivir todas las vidas. Cuando se trata de elegir… debes aceptarlo, debes dejarlo ir. Debes terminar con esto. Ya no hay nada por descubrir, nada por conquistar, nada por qué luchar. Ni nadie. Ni todo. Todo lo que ha sido tuyo te ha sido despojado. Mejor. Llega un punto en que gran parte del mundo que construimos debe ser destruido. Si te dijera que estás en ruinas pensarías en lo trágico y la muerte. Pero hay pequeñas muertes. Echar por tierra para erigir piedra sobre piedra. Arder, pulverizarse, para elevarse entre las cenizas… el polvo dorado de un águila de fuego. Todo cambio es el desenlace de una pérdida.
Abandona el viejo amor de lo que no eres. Reconcíliate con lo que no ha sido. Conquista la perplejidad, la primicia de lo que serás. Lo más simple y espontáneo de tu progresión de intentos: haz que las cosas ocurran. Pasaste gran parte de tu vida buscando algo en la muerte sin jamás poder mirarla a los ojos. Es cierto, algún día descansarás para siempre, pero no hoy. Nada puede concluir si no ha comenzado. En el tiempo que quieras que tu historia se abra. Primero está la vida. Los abandonos simpatizan con los descubrimientos…

(2009)


 Led Zeppelin - The Rain Song

1.8.10

El hijo de las estrellas

Nadie gana, todos pierden. Nadie pierde si todos ganan. Así podrías ser el elegido. Podrías ser salvado, ganarte el cielo. Pero nadie se salva ni se pierde por completo. La naturaleza ha demostrado que la lucidez siempre hace reverencias al pesimismo. No puedo salvarte porque tendría que sacrificar mi vida. Si me fuera quedarías libre, pero en soledad, y todo volvería a empezar de nuevo. Yo no me he salvado; nadie siquiera ha pensado en hacerlo por mi. Nadie tiene el poder de salvar a nadie, para serte sincero. Es sólo un rol al que jugamos y nos piden que juguemos de vez en cuando. Entiendo que en ese pedido hay encriptado un acto de máxima entrega, pero es más una pasividad masiva que una empática súplica. No siento que pueda ser salvado y nadie me salvará; la irreversibilidad del deseo, siempre punzante y hambrienta de contradicciones. “No soporto lo que soy”, “no tolero lo que siento por ti...”, es muy lógico suponer que alguien más tenga el dominio de la vida. Lo imposible en tanto conciencia es sinónimo de la máxima tensión de la locura o la última escena del juicio; una soga que se estira y se rompe. Siempre hay un punto de inflexión, un punto de giro. El final parece llegar siempre, pero la trama continúa; sea salvo, juzgado o desquiciado, deberás aprender a ponerle palabras... hervirás de intuición hasta dar un nuevo salto. Pero hemos sido muy malos estudiantes, siempre. Te miro y todo se convierte en historia, todo se hace relato... jamás me has contado de esos sueños que te asaltan por la noche, jamás me has confesado esos pensamientos que te desayunan en tus silenciosas mañanas; en esos momentos me resultas más real que nunca, eres tú... se crea una virtualidad en el aire en la que puedo sentirte por completo. Te observo mientras tu mirada está fijada en el simulacro de las palabras y me instruyo por entero de tu ser. Es mi secreto; un aprendizaje oculto. Sé que piensas que malgasto mi tiempo en estas pequeñeces, pero así como en los derrumbes del silencio nunca encontramos la palabra apropiada, sólo emociones, cariño, lágrimas... sé que en ese tiempo enmudecido yace lo que más se parece a la verdad. Siempre aflora algo nuevo; aparecemos juntos. Al fin y al cabo el parecer es un apreciar; todo tiene precio en esta vida. Serás salvo o serás incinerado... lamento que el cuerpo haya sido desacralizado. No es infinito, pero es tu cuerpo. Y ese cuerpo, que a veces sabe a tierra, a veces a hierbas, a veces a esperanza... hace las veces de una ventana hacia mundo: explota, lo rodea, absorbe y se pliega sobre todas las posibilidades. El cuerpo es un templo que viaja por la naturaleza haciendo cartografías del universo, guiado por los astros y envidiado por los dioses, perdidamente salvado. Nuestras elecciones son alabanzas y nuestro compromiso los sacerdotes. Tú me lo has dicho una vez: “la vida siempre triunfa...”, ahora puedo comprenderlo un poco mejor, pero al menos permite que dude de mí mismo. No es que piense lo peor, es que trato de pensar en todo; para que un árbol crezca sano y fuerte debe abrirse a las alturas de los cielos y ceñirse a las oscuridades de la tierra. Dicen que los malos estudiantes aprenden por negación, yo creo que sólo tratamos de completar lo que recibimos. Lo que no recibimos nos punza, lo que queremos recibir nos moldea, lo que nunca recibiremos nos estremece... nos eyecta por los mismos aires que atravesamos al llegar. Algo nos une al devenir y a la duración. Por eso, cuando te digo lo que siento puedo decirte que lo siento todo el tiempo... entre fugacidades y eternidades, entre sombras y destinos. Una cara hacia adentro, una cara hacia fuera, todas las caras de lo mismo.

(2008)

16.7.10

Arrobaciones

Hoy encontré un pesar, un peso. Parecía arena; las migajas acumuladas del paso del tiempo. Pisadas eternas, espacios lentos, miradas secas. Que extraña se vuelve la noche cuando se intercambian reclamos. El remordimiento pesa, tiene la fuerza de una tormenta... se hunde lo suficiente como para atravesar las sombras y elevarse entre los vientos. Huye. Deserta. Regresa. El dolor nunca es constante, se enmienda en erupciones que zigzaguean con el tiempo. Espero no te llegue ese mensaje, al menos no de mi boca. Me duele decirte cuánto te extraño.
Hoy encontré un pesar que se repite como un vicio; son esas intermitencias... cuando el malestar cede irradia un vacío hueco, un sonido opaco, hasta que vuelve a detonar. Espero no terminar de elegirlo. Bandos. Distancias. Premisas. Que insólito se vuelve el día cuando se silencian las penas; el dolor al menos está lleno de algo, el vacío, en cambio, es incontinencia, una ficción insoportable. Me pesa extrañarte casi tanto como me pesa necesitarte. Por eso me voy, por eso vuelvo... me pierdo, me hundo y me elevo, siempre midiendo el pesar que, a cuentagotas, tendré que pisar cuando atraviese los volúmenes de la memoria. Hordas. Profundidades. Llantos.
Imagino nuestros ojos aferrados al mirarnos, ahondando los mares del afecto, explorando los limbos de la sexualidad... quisiera poder sostener todos los recuerdos en la fuerza de mi puño y apretarlos hasta que se extingan, pero los oprimo hasta que se escurren en tibias lágrimas, los rebrotes que siembran mis suelos de melancolía. Siento que te has apoderado de todo mi cuerpo. Que desconocida se vuelve la vida cuando se pierden las referencias. Todo debería empezar de nuevo, un nuevo sol, un nuevo horizonte; sobrevivir…
Por encima de los silencios que deambulan por las tardes de domingo se encienden fuegos, pequeños focos candentes que interceptan la desolación de los sentidos. Revoluciones. Impulsos. Erosiones. Nado en un anochecer rojo que derrama anudamientos sanguíneos con la naturaleza. La oscuridad te compondrá tanto que tendrás que reptar hasta el nuevo día; si es que llega, si es que no te quedas adornando los surcos de incomprensión nocturna.
Todo debería volver a empezar; debería olvidarte, debería seguir. Pero vuelvo, siempre vuelvo. Ya no sé si es porque ese sufrimiento tiene un encantamiento o si es realmente por amor; ambas opciones me desalientan, ya que se contienen mutuamente. Espero no te llegue este mensaje... me pesa sufrirte pero más me pesa asociarte al dolor, no puedo permitírmelo, no después de todo lo que me has dado; el fuego, la luz, el coraje. Jamás volveré a ser el mismo, has modificado toda mi espiritualidad. Has mejorado lo que yo empeoraba en soledad. Marcado por tu signo mi futuro debería ser inmenso y provechoso; temo no poder aprender nada más... temo no haberte dejado nada.
Pero en el amor los méritos no son premios, sino sigilosos reconocimientos. Miro al cielo, bien alto... tu voz acaricia mi mundo. Lamento que este haya sido el mensaje que te he dejado: el más desesperanzado, pero el más respetuoso de los silencios...

(2007)